Lo que durante décadas fue símbolo de hospitalidad y punto clave de conexión en el oriente colombiano, hoy es escenario de uno de los mayores problemas de movilidad en el área metropolitana. El sector de Papi Quiero Piña, en Floridablanca, se ha transformado en el epicentro del caos vial, donde la falta de cultura ciudadana agrava una situación que parece no tener solución inmediata.
La jornada crítica comienza incluso antes de las seis de la mañana. En la autopista y la paralela, en sentido sur-norte, el tráfico se convierte en un verdadero campo de batalla: pitos, maniobras arriesgadas y desorden marcan el ritmo de la movilidad.
Conductores y motociclistas se disputan cada espacio en medio de la congestión, mientras peatones intentan abrirse paso en condiciones poco seguras. Aquí, la norma parece ser una sola: avanzar como sea posible.
El origen del nombre Papi Quiero Piña se remonta a un tradicional parador de frutas que, con el tiempo, se convirtió en un referente geográfico de gran importancia. Hoy, este punto recibe más de 2.000 buses intermunicipales diariamente, conectando a Floridablanca con distintas regiones del país.
Sin embargo, esta alta afluencia de vehículos también ha contribuido a convertir el sector en un embudo vial que colapsa en horas pico.
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Paradas indebidas y falta de cultura vial
Uno de los principales problemas se presenta metros adelante, tras cruzar el puente en sentido sur-norte. Allí, el desorden se intensifica.
No solo se trata de conductores de buses que se detienen en cualquier punto, sino también de usuarios que, por evitar caminar unos metros hasta las bahías autorizadas, obligan a paradas repentinas en plena vía. Esta combinación genera frenazos inesperados, congestión y un alto riesgo de accidentes.
En medio del tráfico detenido, aparecen los llamados “piratas”, conductores informales que aprovechan el desorden para recoger pasajeros. Esta práctica no solo incrementa la congestión, sino que también fortalece un sistema de transporte ilegal que continúa creciendo sin control.
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Aumento de incidentes viales
Las cifras reflejan la gravedad del problema. En el último año, el sector de Papi Quiero Piña registró un incremento del 25% en incidentes viales menores.
La mayoría de estos casos están relacionados con paradas indebidas de buses y maniobras peligrosas de motociclistas que zigzaguean entre los vehículos, poniendo en riesgo su vida y la de los demás.
Mientras no haya controles más estrictos, infraestructura adecuada y un cambio real en la cultura ciudadana, el panorama en este punto seguirá siendo el mismo: un caos diario que afecta a miles de personas.
Papi Quiero Piña, que alguna vez fue un símbolo de bienvenida, hoy refleja una realidad preocupante sobre movilidad y convivencia en las vías del área metropolitana.




