‘Campesino’ no es vocablo despectivo

Por Oro Noticias TV

lunes 28 de septiembre, 2026 10:21 AM

Por:Jairo Cala Otero/ Cultor del español y corrector de textos

El ministro de Agricultura de Colombia, Indalecio Dangond Baquero, intentó infructuosamente transformar mediante el desconocimiento de la semántica, o sea, de palabra, la categoría de los agricultores del país. Según su criterio, el sustantivo campesinado y el adjetivo campesino son despectivos; por eso propuso que se hablara de «pequeños empresarios del campo» para, por arte de magia, subir el nivel socioeconómico de los labradores de la tierra.

No duró mucho esa «genial» propuesta por cuanto un congresista la protestó mediante una acción de tutela; y un juez, ciñéndose a la inocultable realidad, dictó sentencia favorable para que las palabras campesino y campesinado sigan usándose porque son corrientes y ajustadas al nivel social de los agricultores.

Dijo el señor Dangond Baquero: «No se van a llamar campesinos, se van a llamar pequeños empresarios del campo. Campesino es despectivo. Aquí vamos a elevarle el estatus a los que producen los alimentos del país. Empresarios del campo».

El fallido intento del ministro para adulterar la semántica es comparable con el eventual caso del marido que, tras sorprender a su esposa siéndole infiel con otro hombre en el sofá de la casa, toma la decisión radical de vender el sofá.

En la misma tónica entonces habría que llamar a los mecánicos: «especialistas en reparación y asistencia mecánica de vehículos automotores»; el ministro Dangond diría que mecánicos es un término sucio por las ropas engrasadas que usan ellos. De similar manera, habría que denominar a los barrenderos: «operarios de escobas en el barrido de las calles». El nivel socioeconómico no cambia mediante la modificación de los apelativos de quienes ejercen un determinado oficio. Produce pena ajena la ingenuidad del ministro Dangond Baquero.

Los campesinos lo que necesitan son reales cambios en la política agraria, y disminución de los precios de los insumos que compran para tratar las tierras que trabajan, además la construcción de buenas carreteras (no trochas de penetración) y eliminación de los intermediarios para la venta de los alimentos que cultivan.

El adjetivo campesino (con su femenino campesina), está definido en el diccionario así: 1.- «Dicho de una persona: Que vive y trabaja de forma habitual en el campo; 2.- Perteneciente o relativo al campo; 3.- Propio de la persona campesina». Son sinónimos de la palabra campesino: labrador, agricultor, aldeano, lugareño, rústico, campuruso, campirano, guacho, jincho, caitudo, sombrerudo, poblano, jíbaro, rústico, agrario, rural, campestre y campeño. No figura por ninguna parte (y no figurará jamás, puede estar seguro el ministro de marras) la expresión eufemística «empresarios del campo», que él quiso acomodar a su antojo. El antónimo de campesino es urbano, como es el ministro.

Campesino, pues, no es un vocablo despectivo como ─con asombrosa ignorancia─ sostiene Dangond Baquero. Tal postura es vergonzosa no sólo por el juego arbitrario con la semántica del idioma, sino por pretender que el nivel social y el futuro económico de quienes labran la tierra cambien mediante la modificación de palabras. Ese es un asunto en el que el ministro debería ser ilustrado por el cargo que ocupa.

El segundo vocablo, campesinado, es un sustantivo claramente definido como: «Conjunto o clase social de los campesinos». Tampoco es despectivo, como sostuvo el ministro; es una clase social. Los campesinos colombianos, además, se sienten orgullosos de ser llamados como lo que son; ellos, distinto a como ocurre con los funcionarios que se creen «café con leche» cuando son sólo «café negro», no intentan soslayar esa denominación porque no se avergüenzan de lo que hacen. No tienen razón para sentirla, al revés, viven con la satisfacción de saber que con su trabajo propician que los alimentos del resto de colombianos, incluidos los rancios de la sociedad como el ministro Dangond Baquero, no padezcamos hambre.

La Presidencia de la República y el Ministerio de Agricultura les deben un acto de desagravio a los respetables campesinos colombianos.

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