Por: Emmanuel Castellanos Reyes
Cuando el cambio golpea la puerta, algunos apenas levantan la vista. En cambio, hay quienes lo escuchan acercarse desde lejos, como un eco sutil tras la neblina del tiempo. Pertenece a esta minoría alguien llamado Adonai Vera González: para él, mirar con atención no es casualidad, sino costumbre arraigada. La anticipación florece donde otros solo ven ruido distante. Su camino se construye con preguntas persistentes, rutinas firmes, actitud alerta. Así nace una manera distinta de caminar por el mundo.
Desde pequeño vio claro algo: sin práctica, el talento no alcanza. Aprender cada día marca la diferencia. Cambiar pasos cuando nadie lo espera ayuda más aún. Las chances llegan, sí, pero quienes avanzan antes son los que ya estaban moviéndose.
Poco antes de que la inteligencia artificial empezará a llenar titulares, Adonai pasaba largas horas explorando sus bases. Para el año 2019, mientras otros apenas escuchaban esos términos, él ya presentaba ideas sobre algoritmos en foros científicos. Aprendizaje automático era una expresión común en sus charlas, aunque fuera ajena a muchas audiencias. La automatización, algo que hoy parece inevitable, entonces sonaba a ciencia ficción; sin embargo, allí estaba él, explicándole con calma.
Un rato más tarde, todo lo que había previsto resultó cierto.
Un virus cambió cómo la gente trabaja, aprende o gestiona sus empresas, empujando sin pausa el uso de herramientas digitales en cada rincón del mundo. Mientras muchos vivieron esto como un giro brusco, para él marcó el momento exacto donde algo que ya venía observando con atención por largo tiempo terminó por imponerse.
Así llegó ese nivel de anticipación, sin que fuera suerte. Formado como ingeniero mecatrónico en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, fue ahí donde todo comenzó. Aprender no terminó con los títulos; seguir explorando lo nuevo marcó la diferencia. Resolver asuntos del mundo real con tecnología se volvió una constante. Con el tiempo, las respuestas prácticas tomaron forma.
En su camino profesional, ha guiado a empresas mientras dirigía iniciativas ligadas a la transformación digital. Destacan algunos trabajos con tecnologías de reconocimiento facial, campo al que se acercó hace casi siete años, cuando apenas empezaba a sonar en Colombia. Gracias a sus sistemas, resulta posible detectar individuos al instante, gestionar límites de acceso, estudiar cómo actúan los participantes en actividades públicas. También logra moldear cantidades enormes de datos para entregar información útil capaz de orientar decisiones clave.
Parecía un intento arriesgado en su momento; ahora simplemente está ahí, funcionando sin llamar la atención en muchas oficinas y centros. Lo improbable se volvió rutina, casi como si siempre hubiera estado presente.
Fue su forma de ver los negocios la que volvió a aparecer en Switch, compañía creada al lado de su pareja, Alejandra Castellanos, titulada como ingeniera industrial por la Universidad Industrial de Santander. Ella y él pusieron en marcha una iniciativa galardonada con el premio del Instituto Colombiano del Petróleo, sobresaliendo frente a trabajos complejos e incluso aventajando proyectos enviados desde universidades importantes. El logro mostró algo claro: detrás de cada idea fuerte hay habilidad real, imaginación sin filtros y ganas de cuestionar lo que todos dan por hecho.

Fuera del emprendimiento, Adonai habla en eventos sobre inteligencia artificial, aunque también toca la innovación o el cambio digital. Aunque muchos lo invitan desde hace años, él prefiere mantener un ritmo bajo. En cada presentación, cuenta historias que vivió en Latinoamérica, junto a ejemplos poco comunes de tecnología aplicada. Algunas veces viaja solo para hablar ante audiencias pequeñas, otras veces aparece en foros grandes sin anunciarlo antes. Su estilo no sigue fórmulas, tampoco repite frases hechas. Casi siempre termina sus charlas con una pregunta incómoda.
Pero mira, su forma de ver la vida va más allá del trabajo.
Pasados los veinte, se lanzó a una meta distinta: entrenar su cuerpo con la misma intensidad que usaba para pensar.
Empezó con natación como base. Después vino el ciclismo, entrando poco a poco en su rutina. Más adelante apareció el atletismo, cerrando así la etapa completa de preparación para el triatlón. Fue la constancia, unida a una voluntad firme, lo que marcó cada paso. Así logró superar uno de los retos más duros dentro del deporte de resistencia: alcanzar el título de Ironman.
En cada sesión, también en las pruebas, se nota cómo afronta su trabajo. Empieza antes del resto, sigue sin pausas, entiende que los logros grandes nacen de acciones pequeñas hechas una y otra vez por largo tiempo.
La historia de él muestra cómo inventar cosas va bien con mover el cuerpo. Aunque hay quienes solo estudian todo el día o pasan horas entrenando sin parar, Adonai eligió un rumbo distinto. En su caso, pensar profundo alimenta lo atlético, como si fueran partes del mismo ritmo. Lo mental crece cuando las piernas corren.
Pese a ser joven, ya suma un camino hecho con piezas distintas: ingeniería, negocios, charlas públicas, ideas nuevas y deporte al límite. Todo lo mueve una idea clara – aprender no se acaba jamás.
La gente que colabora con él suele mencionar su imaginación activa, seguida de una destreza poco común frente a problemas enredados. Resuelve lo complicado como si ajustara piezas sueltas sin hacer ruido. Donde muchos ven paredes altas, él encuentra puertas entreabiertas casi por casualidad. Su forma de mirar las cosas abre caminos que antes parecían callejones.
Quizás la mejor forma de entenderlo es con un término: adelantado. Aunque claro, también podría decirse que ve más allá. O tal vez simplemente piensa distinto. Resulta difícil encasillarlo, sin embargo siempre apunta hacia lo que viene. En el fondo, no sigue corrientes; las anticipa. Así se explica, por ejemplo, su manera de proyectar el futuro. Claro está, no todo el mundo lo entiende a la primera.
Aunque algunos aguardan sentados, Adonai Vera González ya acumula tiempo alistándose. En vez de mirar al horizonte, ella ha ido tejiendo lo que viene.




