La casa crece, ¿y el equipo?

Por Oro Noticias TV

jueves 10 de septiembre, 2026 10:44 AM

Por: Carlos Julio Castellanos Rincón/ Director general de Oro Noticias

Está bien que Santander quiera tener un estadio moderno, digno y acorde con las exigencias del fútbol profesional y de los grandes espectáculos. El Estadio Américo Montanini es un patrimonio deportivo de la región y, después de tantos años, necesita intervenciones que permitan mejorar sus instalaciones, ampliar su capacidad y adecuarlo a las nuevas exigencias.

La Gobernación de Santander y el Indersantander han anunciado que se presentarán dos propuestas de diseño para la ampliación y modernización del escenario.

Hasta ahí, todo bien.

Pero en medio de los diseños, los renders, las ampliaciones y las cifras, hay una pregunta que no debería perderse de vista:

¿Y el equipo?

Porque un estadio no juega partidos. Los juegan los futbolistas. Y un escenario moderno, con mejores graderías, mejores servicios y mayores posibilidades para recibir grandes eventos, debería estar acompañado de un Atlético Bucaramanga competitivo, protagonista y capaz de representar verdaderamente las aspiraciones deportivas de una región que ha demostrado tener una enorme pasión por su equipo.

Santander merece un gran estadio.

Pero también merece un gran equipo.

Y aquí aparece una segunda discusión, quizás todavía más importante:

¿Cuánto aportará el propietario del Atlético Bucaramanga a este proceso?

No se trata de cuestionar la inversión pública en el estadio. Todo lo contrario. Modernizar una infraestructura deportiva que pertenece a la ciudad y al departamento puede ser una decisión perfectamente justificable.

La pregunta es otra: si buena parte del uso deportivo profesional del escenario corresponde a un club privado, ¿cuál será la participación económica de sus propietarios en esa modernización?

El Atlético Bucaramanga no es una entidad pública. Su propietario es un particular. Y precisamente por eso resulta legítimo preguntar cuál será su compromiso frente a una infraestructura pública que, entre otras actividades, sirve como casa del equipo profesional.

Si la casa se valoriza, ¿qué responsabilidad tiene también quien la utiliza y obtiene beneficios de ella?

No parece exagerado pedir claridad sobre este asunto.

Porque cada peso público tiene un costo de oportunidad. Son recursos que también podrían destinarse a escenarios deportivos de otros municipios, a la formación de nuevos talentos, a escuelas de fútbol, al mantenimiento de canchas, a infraestructura para otras disciplinas y a tantas necesidades que tiene el deporte santandereano, como la participación en los Juegos Nacionales, que cada cuatro años se convierte en una verdadera odisea conseguir los recursos necesarios para competir como debe ser.

Y aquí vale la pena detenerse.

Mientras discutimos cuánto invertir en ampliar un escenario que será utilizado principalmente por un equipo profesional y por grandes espectáculos, muchos deportistas santandereanos siguen esperando mejores condiciones para entrenar, competir y representar al departamento.

No puede ser que cada cuatro años haya que comenzar nuevamente la búsqueda de recursos para garantizar una participación digna en los Juegos Nacionales.

El deporte no es solamente fútbol profesional.

También son los atletas que entrenan durante años para conseguir una medalla; los nadadores, gimnastas, pesistas, ciclistas, luchadores y deportistas de tantas otras disciplinas que necesitan escenarios adecuados, entrenadores, implementos, desplazamientos y apoyo para competir.

Por eso la discusión sobre el Américo Montanini debe hacerse con una visión integral.

Santander necesita infraestructura.

Pero también necesita deportistas.

Necesita escenarios modernos.

Pero también necesita formación.

Juan Jacobo Mantilla, patinador santandereano/ Suministrada web.

Y necesita, por supuesto, un Atlético Bucaramanga competitivo que justifique con resultados la enorme pasión que despierta entre sus aficionados.

Hay otra pregunta que tampoco debería quedar en el aire.

El estadio seguirá siendo utilizado para conciertos y otros eventos culturales, actividades que pueden generar ingresos y contribuir al mantenimiento de la infraestructura.

Entonces sería conveniente conocer desde el comienzo cuál será el modelo de administración, explotación y sostenibilidad del escenario.

¿Quién lo administrará? ¿Quién asumirá su mantenimiento? ¿Cuánto recibirán las entidades públicas? ¿Cuánto pagará el club? ¿Bajo qué condiciones se utilizará el estadio para eventos privados?

Son preguntas legítimas cuando se habla de invertir recursos públicos.

Y mientras se habla de modernizar el escenario, también existen cuestionamientos que deben ser aclarados alrededor de la situación económica del propio club.

La Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales ha formulado denuncias relacionadas con presuntos incumplimientos en el pago de obligaciones a jugadores del Atlético Bucaramanga, según declaraciones atribuidas a su presidente, Luis García.

Esto no significa dar por comprobadas esas denuncias. Significa que, si han sido formuladas públicamente, deben ser respondidas y aclaradas por quienes tienen la responsabilidad del club.

Porque sería una paradoja que Santander haga esfuerzos millonarios para modernizar la casa del fútbol mientras existen interrogantes sobre las condiciones económicas de quienes, partido tras partido, salen a defender la camiseta.

Aquí no se trata de estar en contra del Atlético Bucaramanga.

Todo lo contrario.

Precisamente porque el Atlético Bucaramanga es un símbolo deportivo de Santander, hay que exigirle mucho más.

Más transparencia.

Más inversión.

Más compromiso.

Más planificación.

Y, por supuesto, un equipo verdaderamente competitivo.

Para el año 2027 está previsto el inicio de la remodelación integral del Estadio Américo Montanini.

La modernización del Américo Montanini puede convertirse en una gran oportunidad para Santander. Pero sería deseable que esa oportunidad no se limite a construir mejores tribunas.

Que también sirva para construir una nueva relación entre lo público y lo privado.

Que el departamento invierta, sí, pero que el propietario del club también asuma su responsabilidad.

Que tengamos un estadio moderno, pero también un equipo que esté a la altura de ese estadio.

Y que, al mismo tiempo, los demás deportistas santandereanos no tengan que seguir tocando puertas cada cuatro años para conseguir los recursos que necesitan para representar al departamento.

Porque la casa puede crecer.

Pero el deporte santandereano también tiene derecho a crecer.

Y al final de cuentas, la pregunta que queda sobre la mesa es sencilla:

¿Vamos a construir una casa más grande para el Atlético Bucaramanga, o vamos a construir también un Atlético Bucaramanga más grande para Santander?

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