Lo que hace 12 años fue inaugurado como una de las grandes apuestas de movilidad en el área metropolitana, hoy evidencia un preocupante estado de abandono. La estación temprana del sistema Metrolínea en Piedecuesta, que en su momento movilizaba a más de 20 mil usuarios, se ha convertido en un símbolo del deterioro de la infraestructura pública.
El lugar, que alguna vez representó modernidad y desarrollo, actualmente presenta señales de saqueo, daños estructurales y falta de mantenimiento, generando preocupación entre los ciudadanos.
Millonaria inversión, hoy en el olvido
La obra, financiada con recursos provenientes de los impuestos de los ciudadanos, significó una inversión de cientos de millones de pesos. Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de gestión han llevado a que esta infraestructura se deteriore progresivamente.
Habitantes del sector advierten que el abandono no solo representa una pérdida económica, sino también un riesgo para la comunidad, debido al estado en que se encuentran las instalaciones.
Cuestionamientos sobre el futuro del transporte
En medio del debate sobre la posible reconstrucción o reactivación de un sistema de transporte masivo en el área metropolitana, surgen interrogantes sobre la gestión de lo ya existente.
Ciudadanos cuestionan si no sería prioritario preservar y recuperar la infraestructura actual antes de plantear nuevos proyectos, evitando así que se repitan errores del pasado.
El abandono también es una forma de fracaso
El deterioro de esta estación no solo evidencia fallas en mantenimiento, sino también en la planificación a largo plazo. Para muchos, permitir que se pierdan este tipo de obras públicas es reflejo de una gestión ineficiente.
Mientras tanto, la estación permanece como un recordatorio visible de una inversión que no logró sostenerse en el tiempo y de la necesidad urgente de tomar decisiones frente al futuro de la movilidad en la región.




