En el sector de Cañaveral, los operativos de tránsito se convierten en un verdadero espectáculo: agentes, cepos y controles que logran que las normas se cumplan… mientras están presentes. Tan pronto los operativos se retiran, el desorden regresa como si nunca hubiera existido: carros sobre andenes, vías invadidas y las normas ignoradas por completo.
El problema central ya no son los controles ni los agentes: es la falta de cultura ciudadana. Los vecinos y peatones ven cómo vehículos de 80 o 100 millones de pesos circulan sin respeto por las normas, mientras que la solución más económica, un parqueadero de 4 mil pesos, parece imposible de considerar.
Mucho vehículo, poca vergüenza
“Se ve todo tipo de carros lujosos bloqueando el paso, pero nadie piensa en los demás”, afirma un residente del sector. La realidad es que ni con mil cepos la situación se soluciona si no hay conciencia y responsabilidad por parte de los conductores.
Cañaveral refleja un fenómeno común en muchas zonas urbanas: el orden temporal no sustituye la educación vial. Sin cultura, los operativos son solo parches temporales frente a un problema que requiere respeto, civismo y sentido común.




