La falla en la red semafórica de Bucaramanga sigue generando complicaciones en la movilidad. Esta vez, el problema se evidenció en la intersección de la carrera 33 con calle 56, donde el cruce terminó convertido en una verdadera “jungla vial”.
Durante varios minutos, conductores quedaron atrapados en extensos trancones, mientras los pitos y la desesperación marcaban el ritmo del tráfico. Sin señalización en funcionamiento, todos querían avanzar al mismo tiempo, bloqueando el paso y agravando el embotellamiento.
Un gesto ciudadano en medio del caos
En medio del desorden, un ciudadano decidió bajarse de su vehículo para intentar organizar la movilidad aplicando el conocido método del “uno a uno”. Sin ser autoridad de tránsito, pero con sentido cívico, buscó dar paso alternado a los conductores para descongestionar el cruce.
Aunque varios acataron la iniciativa, no todos colaboraron. Algunos optaron por lanzarse primero y bloquear la intersección, lo que terminó generando aún más congestión.
Más que un daño técnico
El episodio volvió a poner sobre la mesa no solo las fallas técnicas en los semáforos, sino también la importancia de la cultura vial. Expertos en movilidad han reiterado que, ante la ausencia de señalización, la norma básica es ceder el paso y mantener el orden para evitar accidentes y trancones mayores.
Desde este espacio reconocemos el gesto del ciudadano que intentó organizar el tráfico. Porque una ciudad no avanza únicamente con infraestructura funcionando, sino con el compromiso de quienes la transitan a diario.




