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La violencia volvió a golpear al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec). Efraín Quesada Urrego, inspector de 54 años, fue asesinado este jueves 6 de agosto tras ser atacado a tiros cuando se dirigía a recibir turno en la cárcel de máxima seguridad de Palogordo, en Girón, Santander.
Ataque en la vía al penal
El atentado ocurrió sobre las 6:20 de la mañana en la vía de acceso al penal. Quesada se movilizaba en motocicleta cuando fue interceptado por dos hombres que también iban en una moto y le dispararon en al menos tres oportunidades. Uno de los proyectiles impactó su tórax y le causó heridas de extrema gravedad.
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Habitantes del sector auxiliaron al funcionario y lo trasladaron inicialmente a un centro asistencial. Posteriormente fue remitido a la Clínica Foscal, donde fue sometido a una cirugía, pero horas más tarde se confirmó su fallecimiento.

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Amenazas contra guardianes
Quesada tenía más de una década de servicio en el Inpec y era uno de los funcionarios encargados de la seguridad del centro penitenciario. Su muerte generó conmoción entre sus compañeros, quienes desde hace varios meses vienen denunciando amenazas e intimidaciones por parte de internos de alta peligrosidad recluidos en la cárcel de Palogordo.
Según los sindicatos del Inpec, los guardianes han recibido panfletos y mensajes intimidatorios durante 2025 y 2026, alertando sobre posibles ataques contra el personal penitenciario. Tras conocerse el crimen, representantes del sindicato cuestionaron la falta de acciones para proteger a los funcionarios, asegurando que las advertencias ya habían sido puestas en conocimiento de las autoridades.
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Avanza la investigación
Las primeras hipótesis de la investigación apuntan a que el homicidio habría sido ordenado por integrantes de la estructura criminal Los Costeños, algunos de cuyos miembros permanecen recluidos en el patio 10 del penal de máxima seguridad.
Ante la gravedad de los hechos, las autoridades convocaron un consejo extraordinario de seguridad para definir nuevas medidas de protección para los funcionarios del Inpec, quienes aseguran sentirse desprotegidos frente a las constantes amenazas del crimen organizado.
El asesinato de Efraín Quesada reaviva la preocupación por la seguridad de los guardianes penitenciarios en Colombia y vuelve a poner en evidencia los riesgos que enfrentan quienes custodian a algunos de los delincuentes más peligrosos del país.





