El soldado Omar Salazar Páez estaba listo para abordar el avión Hércules junto a sus compañeros, sin imaginar que minutos después esa aeronave sería escenario de una tragedia en Putumayo. A su lado estaba Odi, su perro, fiel compañero incluso en medio del servicio.
Pero un detalle inesperado cambió todo. Durante los controles previos, el peso del canino generó un inconveniente y, por protocolo, el soldado tuvo que descender mientras se resolvía la situación. El avión despegó sin él.
Horas después, la noticia sacudió al país: la aeronave se había accidentado, dejando dolor y luto en decenas de familias.
Desde tierra, Omar sobrevivió. Y en medio del alivio, también llegó el dolor. Porque mientras su vida continuó, la de muchos de sus compañeros se apagó en ese vuelo.
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Hoy, su familia no deja de agradecer. Y él, aunque intenta mantenerse firme, carga con la tristeza de haber perdido a quienes compartían su misión.
La historia también tiene otro rostro cercano: su ser querido, Fidel Ortiz Farfán, resultó herido en el accidente y permanece bajo atención médica en el Hospital Militar Central.
En redes sociales, muchos hablan de un milagro. Para otros, fue Odi, ese compañero silencioso, quien sin saberlo, se convirtió en su salvación.




