El derrumbe que este lunes obligó al cierre de la vía Bucaramanga–Girón desencadenó una crisis de movilidad en todo el área metropolitana. La emergencia no solo bloqueó este corredor clave, sino que trasladó la presión a rutas alternas como el Anillo Vial, Chimitá y la vía a Provenza, que rápidamente colapsaron.
La Dirección de Tránsito de Bucaramanga confirmó que el paso permanece restringido por escombros sobre la calzada, situación que desbordó la capacidad de las vías alternas. A esto se sumó una cadena de accidentes en puntos críticos, agravando la congestión desde Floridablanca hasta Girón.
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El impacto fue generalizado. Desde la Alcaldía de Floridablanca también se reportó un siniestro en la vía Girón–Lebrija, ampliando el alcance de la emergencia. Conductores describen largos trancones y movilidad prácticamente detenida, con paso limitado en algunos tramos.
Colapso de rutas alternas
El Anillo Vial, principal ruta de conexión entre Floridablanca, Girón y el norte de Bucaramanga, volvió a evidenciar su fragilidad. Cada vez que se bloquea la vía directa, este corredor absorbe el tráfico desviado hasta saturarse en cuestión de minutos.
Según José Manuel Reinoso, director de movilidad de Girón, la alta presencia de vehículos de carga ha sido determinante en el colapso. Señaló que el ingreso constante de tractocamiones, sumado a fallas mecánicas, termina por paralizar completamente la circulación.
Las autoridades mantienen el cierre mientras avanzan las labores de remoción y recomiendan a los conductores informarse por canales oficiales antes de movilizarse.




