El impacto emocional puede aparecer días o semanas después
Aunque el movimiento telúrico haya terminado, el miedo y la ansiedad pueden permanecer. Después de un sismo, algunas personas pueden experimentar dificultad para dormir, angustia, irritabilidad, problemas de concentración o una sensación constante de alerta, incluso si no sufrieron lesiones o pérdidas materiales.
El impacto emocional de una emergencia no depende únicamente de los daños físicos. La experiencia del temblor, la incertidumbre y la exposición constante a imágenes y noticias sobre el evento también pueden generar síntomas de estrés agudo.
¿Por qué el cerebro permanece en alerta?
Ante una amenaza, el sistema nervioso activa mecanismos de emergencia para proteger al organismo. Sin embargo, después de un evento traumático, el cerebro puede permanecer temporalmente en un estado de hipervigilancia, interpretando determinados ruidos, movimientos o situaciones de incertidumbre como posibles señales de peligro.
Esta respuesta puede provocar tensión muscular, alteraciones del sueño, irritabilidad y dificultades para concentrarse. Reconocer que se trata de una reacción posible ante una situación extraordinaria puede ayudar a manejarla de manera adecuada.
La médica psiquiatra, psicoterapeuta y vocera médica de Heel Colombia, Dra. Ana Milena Isaza, explica que es normal sentir temor ante la posibilidad de que ocurra nuevamente un sismo. Sin embargo, señala que cuando las crisis son intensas, se prolongan y aparecen sensaciones de pérdida de control o de que algo grave está por suceder, es importante buscar atención profesional.
Diez recomendaciones para afrontar el impacto emocional
La especialista recomienda adoptar algunas medidas durante los días y semanas posteriores a un sismo:
- Limitar la exposición a redes sociales y noticias, especialmente a videos relacionados con la emergencia.
- Reconocer el miedo como una emoción válida y evitar juzgarse por sentirlo.
- Compartir tiempo con familiares y personas cercanas, valorando los momentos significativos.
- Reconocer las pérdidas materiales y permitirse procesar emocionalmente lo ocurrido.
- Preparar un kit de emergencia, como una medida que puede aumentar la sensación de seguridad.
- Mantener una rutina de sueño, incorporando actividades relajantes antes de acostarse.
- Conversar sobre otros temas, evitando que todas las conversaciones giren alrededor del sismo.
- Expresar las emociones, ya sea hablando con alguien de confianza, escribiendo o permitiéndose llorar.
- Prestar atención a los episodios de hipervigilancia, especialmente cuando las reacciones son muy intensas.
- Buscar apoyo profesional cuando los síntomas sean difíciles de manejar o interfieran con la vida cotidiana.
Pedir ayuda también es parte de la recuperación
El miedo después de una emergencia puede formar parte de una respuesta normal del organismo. Sin embargo, cuando la ansiedad persiste, se intensifica o comienza a afectar el sueño, las relaciones y las actividades diarias, consultar con un profesional de salud mental puede ayudar a evitar que el malestar se prolongue.
La recomendación principal es no minimizar lo que se siente. Cuidar la salud mental después de un sismo también hace parte de la recuperación.





