El mundo conoció recientemente el caso de “Punch”, un pequeño mono en Ichikawa, Japón, que se hizo viral al aferrarse a un peluche luego de ser rechazado por su madre. En Neiva, una historia similar ha generado conmoción, aunque con un trasfondo distinto: el tráfico y la tenencia ilegal de fauna silvestre.
“Titi” es una cría de mono churuco que permanecía en cautiverio como mascota en una vivienda del municipio de Tello, Huila. A diferencia del caso ocurrido en Japón, aquí no hubo rechazo materno, sino una separación forzada en una etapa clave para su desarrollo físico y comportamental.
El rescate y las primeras señales de alarma
La entrega del animal se realizó de manera voluntaria, con acompañamiento de la Policía Nacional de Colombia y la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM). Sin embargo, tras la revisión técnica se evidenciaron afectaciones importantes en su estado.
Según explicó Andrés Felipe Triana, médico veterinario de la CAM, la alimentación que recibía no era adecuada para su especie y presentaba alteraciones comportamentales asociadas al estrés, la pérdida de su hábitat natural y la separación temprana de su madre. El primate fue trasladado a un centro especializado, donde actualmente recibe valoración médica y etológica como parte del protocolo de atención y rehabilitación.
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El peluche como sustituto del vínculo materno
Al igual que “Punch”, Titi se aferra a un peluche. Aunque para muchos la imagen puede resultar enternecedora, para los expertos es una señal clara de ruptura emocional.
María Camila Gómez, profesional de fauna de la CAM, explicó que se trata de un juvenil macho con alto grado de impronta, es decir, desarrolló un fuerte apego hacia los humanos. Estudios en primates demuestran que el vínculo entre cría y madre se establece en los primeros días de vida y puede extenderse entre seis meses y hasta dos o tres años, dependiendo de la especie.
Cuando esa figura desaparece, el animal busca una fuente alternativa de seguridad. En procesos de rehabilitación, los peluches se utilizan como herramienta para disminuir el estrés y ofrecer un punto de contención mientras se trabaja en la recuperación conductual. No se trata de un gesto “adorable”, sino de una respuesta de supervivencia.
Una consecuencia del tráfico ilegal
Titi no creció en el bosque junto a su madre. Su historia es consecuencia directa del tráfico y la tenencia ilegal de fauna silvestre, una práctica que sigue afectando gravemente la biodiversidad del país.
Hoy permanece bajo manejo especializado. El objetivo es estabilizar su comportamiento, reducir la impronta humana y, si las condiciones lo permiten, prepararlo para una eventual liberación en su entorno natural.




