El río Sogamoso, considerado una de las fuentes hídricas más vitales y emblemáticas de Santander, atraviesa un momento crítico que mantiene en alerta a las comunidades ribereñas. Los efectos combinados de la escasez de lluvias y los cambios drásticos en su cauce han reducido el afluente a su mínima expresión, dejando al descubierto un panorama desolador que preocupa a quienes han dependido de sus aguas durante generaciones.
Habitantes tradicionales de la región advierten que la situación va más allá de un ciclo climático temporal, exigiendo una mirada profunda sobre el estado actual de este ecosistema estratégico.
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El testimonio de los pobladores
Para quienes han vivido toda su existencia a orillas del afluente, el deterioro resulta evidente y doloroso. Demetrio Almeida, un habitante histórico de la zona que ha pasado su vida entre los cañones de Santander, contempla con profunda nostalgia desde lo alto del Cañón de Las Iguanas —en el tramo que conecta los municipios de Zapatoca y Girón— un río radicalmente distinto al que alimentó y dio sustento a su familia durante décadas.
Según relata Almeida a partir de su experiencia y conocimiento del territorio, las señales de alarma no responden únicamente a las sequías estacionales. El veterano poblador advierte alteraciones estructurales en el comportamiento del caudal que evidencian un desgaste ambiental acelerado, poniendo en riesgo la estabilidad biológica de toda la cuenca y la supervivencia de las comunidades rurales que dependen directamente de su entorno.
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Un llamado por la supervivencia hídrica
La disminución drástica del caudal no solo compromete el paisaje y la dinámica ecológica del cañón, sino que amenaza el tejido social e histórico de las poblaciones que crecieron bajo su amparo. Los testimonios de los lugareños reafirman que la degradación de un afluente de esta magnitud implica la pérdida progresiva de la soberanía alimentaria y del patrimonio cultural de la ruralidad santandereana.
Ante este panorama desalentador, las comunidades hacen un llamado urgente a las autoridades ambientales y a los entes de control para que realicen una evaluación técnica rigurosa sobre los factores que aceleran la crisis del Sogamoso. La advertencia de los habitantes es clara: cuando un río emblemático se apaga, no solo se extingue su caudal, sino que se marchita la historia y el futuro de quienes aprendieron a vivir junto a su corriente.
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